La Bodega K5 es un proyecto del cocinero vasco Karlos Arguiñano que han dado vida a un txakoli Getaria excelente, nacido de uvas autóctonas Hondarribi Zuri.

El viñedo de la bodega está en la ciudad de Aia, en Gipuzkoa, a 300 metros de altura sobre el nivel del mar. Los vinos que producen siguen muy vinculados a la tierra y al trabajo artesanal y el resultado es un producto sano.


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Es el Txakoli K5 el vino estrella de la bodega.

Resulta brillante y fresco con 10 meses de maduración en sus lías. La proporción de alcohol es del 11,5% y marida con una gran variedad de platos, por ejemplo, con pescados como el rodaballo o el atún, el sushi o el foie.

Después de su buque insignia, el K5, nace el txakoli K-Pilota, como homenaje al juego de pelota vasca, con una muy buena relación calidad-precio.

Es un txakoli Getaria fresco, joven y alegre. En palabras del propio Arguiñano es un vino bien hecho y con mucho futuro, ya que, como el K5, mejora año tras año en la botella. Esto es un gran logro para los vinos vascos y el propio cocinero dice que es el mejor vino blanco que hace, resaltando su capacidad de envejecimiento.

Tanto los txakoli K5 como el txakoli K-Pilota resultan ser unos vinos digestivos, naturales y muy gastronómicos. Como son tan frescos y tienen buena acidez maridan muy bien con muchos platos.

El K Pilota es un típico vino txakoli de su tierra, aunque es el txakoli más joven de la bodega, ya que ha sido elaborado con la uva de las cepas más jóvenes y sus 5 meses de maduración en sus lías tras la fermentación. Tiene un 11 % de alcohol y, respecto a su maridaje, la Bodega K5 lo recomienda para los aperitivos y las comidas ligeras, como las tapas, el sushi, los mariscos, los pescados blancos y las carnes blancas.

He aquí las notas de cata del txakoli K Pilota:

En su fase visual es un vino brillante, limpio y cristalino. Su intensidad es media, su color es amarillo verdoso pálido con destellos alimonados.

En la fase olfativa su intensidad es alta, con aromas de plantas del terreno, como la manzanilla y frutos como la manzana, el pomelo o la lima.

En la fase gustativa es un vino que tiene mucho cuerpo, sin perder el carácter fresco de los vinos txakolis.