Cuando la mayoría de nosotros escuchamos la palabra chocolate, nos imaginamos una caja de bombones o una tableta de chocolate. El verbo que viene a la mente es, probablemente, “comer” y no “beber”, y el adjetivo más apropiado parecería ser “dulce”. Sin embargo, en la mayor parte de la historia del chocolate, este ha sido más una bebida que un producto sólido y no se consumía con azúcar o algún otro tipo de dulce.

La terminología puede ser un poco confusa, pero la mayoría de los expertos en estos días utiliza el término “cacao” para referirse a la planta o los granos del chocolate antes de que estos sean transformados, mientras que el término “chocolate” se usa para referirse a cualquier producto procesado de esta planta. Los etimólogos, por su parte, han rastreado el origen de la palabra “chocolate” y la han relacionado con la palabra azteca “xocoatl”, que denomina a una bebida amarga hecha mediante granos de cacao.

Su origen se ha establecido hace alrededor de 2000 años, pero investigaciones recientes sugieren que puede ser aún más antiguo. Es difícil precisar con exactitud cuándo se originó el chocolate, pero lo que conocemos es que se apreciaba mucho desde un inicio, tanto que durante varios siglos, en Mesoamérica, los granos de cacao se utilizaron como moneda.

Además, tanto los mayas como los aztecas creían que el grano de cacao era mágico, o incluso divino, por lo que lo consideraban adecuado para el uso en los rituales más sagrados, como el del nacimiento, el matrimonio y la muerte. El chocolate azucarado, por su parte, no apareció sino hasta después del descubrimiento de América.