Las salsas de tomate son un complemento estupendo para muchos platos, ya sea pasta, carne, arroz, etc., que les da sabor y color. Sin embargo, muchas salsas de tomate contienen niveles altos azúcar, grasas saturadas y sodio que pueden perjudicar a nuestro organismo. ¿Qué debo tener en cuenta a la hora de comprar salsa de tomate?

Hay diferentes tipos de salsa

La cuestión fundamental que debes de tener en cuenta al comprar salsas de tomate es el tipo de salsa. No es lo mismo un tomate frito, un tomate triturado, tomate natural entero, una salsa casera o incluso el kétchup. Es importante diferenciarlas, dado a que los ingredientes que componen cada uno de ellos son distintos y unos son más perjudiciales que otros.

Tomate frito

Se trata de una salsa de tomate que se fríe en aceite vegetal y que contiene diferentes ingredientes como la cebolla, el ajo y especias. Suele tener unas 77 calorías por cada 100 g algo más que el tomate triturado enlatado. De estas calorías, 5.3 g de cada 100 g son grasa. Sin embargo, entre las salsas de tomate frito hay diferencias, hay algunos que se realizan con aceite de oliva, que contienen menos sal, especiales para ciertos tipo de comida, como salsas para pasta, o que están elaborados de forma casera. Nuestra recomendación es optar por los productos naturales, por lo que te recomendamos comprar salsa de tomate hecha artesanalmente.

Tomate triturado

Este producto es tomate natural triturado y envasado y contiene apenas 16.3 calorías por cada 100 g. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no es una salsa preparada y hay que cocinarla en casa para crear la salsa de tomate.

Tomate natural entero

Se trata del tomate natural pelado y conservado pero sin triturar, muy similar al tomate triturado. La misma desventaja que posee es que hay que triturarla y cocinarla para convertirla en salsa de tomate. Por otro lado, es igual de saludable.