Una docena de productores del renovado vino blanco vizcaino lleva las excelencias de su caldo a un salón profesional en pleno corazón de la capital del Estado.

Dorado, fresco y descarado, el caldo de los caldos bailaba ayer en las copas en pleno corazón de Madrid. Y tras el baile, la seducción. Cientos de paladares quedaron cautivados ante las notas frutales del delicioso néctar: el txakoli de Bizkaia. La culpa de esta danza de sensaciones la tuvo el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina, que ayer puso en marcha un salón profesional con el objeto de que la prensa especializada, distribuidores y demás entendidos del mundo de la restauración, conocieran las bondades del nuevo txakoli. La cita fue en el céntrico Hotel Miguel Ángel y allí acudieron doce productores de los 56 adscritos a Bizkaiko Txakolina.


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Y es que hay que ampliar mercado. Las bodegas txakolineras incrementan sus plantaciones y litros de producción, por lo que abrir nuevos caminos, conseguir nuevos acólitos, se presenta como una necesaria y apasionante aventura, y Madrid es una buena plataforma de despegue. “El público madrileño está abierto a nuevos vinos, está demandando productos”, destacó Elena Unzueta, presidenta del Consejo Regulador de la D.O. Bizkaiko Txakolina. Tal y como explicó Unzueta, el 80% del txakoli con esta denominación se consume en Bizkaia. “El resto, lo que sale al mercado estatal, la mayoría va a Madrid y Catalunya, sobre todo a las grandes ciudades”, explica. Darse a conocer aún más en otras comunidades autónomas se perfila como el siguiente paso.

“Venimos muy convencidos de que traemos un producto muy bueno”, destacó Unzueta. Y es que, desde que en 1994 se creara este Consejo Regulador se ha trabajado en dos líneas fundamentales: en la mejora de los vinos y en la profesionalización del sector. “Hoy podemos decir que tenemos una añada 2009 excelente, que es la que vamos a probar”. “Estamos en un nivel alto y podemos competir tranquilamente con unos vinos blancos que hasta hace poquito nos daban mucho miedo”, explicó Unzueta. “Pensábamos que éramos de pueblo, que éramos una denominación de origen muy pequeñita, que no pasábamos de un millón de litros… Pero ya en el año 2009 tenemos 1.240.118 litros de una calidad excelente que nos permiten sacar pecho y decir aquí estamos, tenemos algo bueno y podemos vender más”

saborear y anotar Ayer, en los salones de este hotel los expertos se colmaban de la esencia del txakoli olisqueando, saboreando y escrutando en las copas, para después tomar escuetas pero reflexionadas notas en sus cuadernos. Productores y profesionales del sector conversaban y fraguaban futuros contactos que llevarán estos caldos más allá de las fronteras del País Vasco. Ana Martín es enóloga en la bodega Itsasmendi, de Gernika, y una de las asistentes al encuentro. Para ella, estar presente en Madrid supone “abrir fronteras”. “Hemos tenido la idea de que el txakoli era un producto, primero, muy de caserío, luego, muy local, y ahora podemos demostrar que somos competitivos con otros vinos de otras zonas del Estado”, resaltó. Tal y como explicó Martín, hoy los txakolis son más “redondos”, con una acidez menos agresiva, y eso los hace muy del gusto de un mercado europeo que cada vez demanda más vinos blancos a pesar de la omnipresencia de los tintos. “También es importante la diferenciación: tenemos una variedad única de uva, la Ondarrabi. Es algo distinto y lo distinto gusta a la gente”, concluye Ana Martín.

La jornada de ayer acogió tres catas comentadas, una de ellas con la Escuela de Sumilleres de la Comunidad Autónoma de Madrid. Patxi Zabala es el sumiller que se encargó de organizar estas catas y procuró poner a disposición de los participantes “cuanto más productos, mejor, para que vean que son buenos”. “Hay gente que no conoce el nuevo txakoli, porque tiene una imagen del que se elaboraba antiguamente o, como todavía dice la Academia de la Lengua, de un vino verde y ácido. Hemos hecho estas catas para que vean que no es así”.

Al mediodía, representantes de las doce bodegas se sentaron a la mesa con la prensa especializada en el restaurante que el zornotzarra Eneko Atxa ha puesto en marcha en el Hotel Villa Magna de Madrid y disfrutaron de un menú largo y estrecho de nueve platos, acompañado cada uno por un txakoli diferente.